El jazmín aporta un aroma dulce y relajante, mientras que la mandarina añade una chispa cítrica que despierta los sentidos y eleva el ánimo. Su combinación floral-cítrica llena los espacios de frescura, vitalidad y luz.
Se aplica con dos o tres rociados en el centro de la estancia o sobre textiles ligeros, y también es útil en armarios, zapateros o automóviles.





